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Internacionalista, sobreviviente de las crisis periódicas de este país, asiduo lector, crítico feroz, miembro permanente de las huestes utópicas.

miércoles, 27 de febrero de 2008

DÍA 16: Tokio

Día extraño en la ciudad, era asueto por lo que la mayoría de los negocios no laboraron, aún así el barrio donde me hospedaba estaba atestado de gente que acudía a hacer sus peticiones a kami sama, preferí huir del barrio, me lanzo a Shibuya un grandioso sector comercial, salgo de la estación Yamanote en Shibuya y me encuentro a Cameron Díaz en los espectaculares de la publicidad de SoftBank, financiera que adquirió la telefónica Vodafone en el país y que desplegaba una muy agresiva estrategia publicitaria.

A un lado la estatua del perro, uno de los clásicos del barrio y al frente algunos de los centros comerciales más interesantes, ¿se acuerdan la escena del dinosaurio en el edificio de Lost in translation? Era en el crucero exactamente en frente de la estación, camino en el barrio, entro a una tienda de deportes pero la sobre especialización de la mercancía me hace desistir de comprar algunas cosas.

Entro al Tower Records (tienda de cd’s, dvd’s, revistas, libros, etc.) y me pierdo por horas (y por miles de yenes) dentro de los 7 pisos del establecimiento, y pudo haber sido mas el tiempo y el dinero pero los japoneses tienen la mala costumbre de no subtitular su trabajo en ningún idioma occidental.

No todas las tiendas estaban abiertas pero yo seguía caminando hasta que llegue al estadio Yoyogi, usado en la presentación de espectáculos, hasta llegar a Harajuku, colapsado en la cantidad de gente por la visita al templo Meiji, después de observarlos un rato salgo del barrio,

Camino por la calle Omotesando pues quería comprar unas cosas en el Oriental Bazaar, una excelente tienda de souvenirs, pero estaba cerrado por el feriado así que desistí, regreso al hostal a descansar un rato donde me pongo a jugar FIFA con unos australianos y británicos por el honor de la patria (terminamos bien deshonrados compadres jejeje) .

Me comunico con mi amigo cubano y quedo de cenar con el y su esposa esa noche, nos quedamos de ver en la estación de metro donde nos habríamos de poner de acuerdo de a donde dirigirnos en la incertidumbre de no saber que lugar daría servicio ese asueto, para romper con la dieta asiática nos decidimos por filete al grito de mi amigo y mío de “queremos colesterol!!!, queremos colesterol !!!!” mientras su esposa nos veía con resignación. Comí carne con champiñones, el siempre presente arroz y un par de cervezas (para no dejar tomando solo a mi amigo jeje) hablamos de historia, política, de la sociología del cubano, mexicano y japonés, y de las dificultades para integrarse al universo japonés, una charla muy productiva.

Ya tarde nos despedimos, había que descansar, que el asueto estaba por acabar.