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Internacionalista, sobreviviente de las crisis periódicas de este país, asiduo lector, crítico feroz, miembro permanente de las huestes utópicas.

sábado, 26 de enero de 2008

DÍA 07: Kyoto

Pese a la desvelada del día anterior me amaneció relativamente temprano, era domingo y no tenía claro que iba a hacer así que sin algo fijo en la mente tomé camino.

El primer destino era el Palacio Imperial en Kyoto, por cuestión de la hora no pude sacar permiso, por lo que me conforme con caminar por los alrededores, un parque enorme, arbolado, y un montón de chavos corriendo por toda la barda del palacio enfundados en jersey de béisbol rompiendo el silencio de la mañana.


Seguí caminando con rumbo al sur del palacio para visitar el Castillo Nijo, la cual fue residencia del Shogun en el periodo Edo, recorrí primero el interior del edificio principal, la madera del piso crujía, según se dice era a propósito con el fin de poner en descubierto la presencia de intrusos en la morada.

Después caminé un rato por los jardines que rodean al castillo, jardín estilo japonés con pequeños lagos, árboles recortados, caminos empedrados y antiguos muros que resguardan el lugar.



Terminada la visita en Nijo me faltaba uno de los lugares por conocer en éste mi último día aprovechable en la ciudad, Kinkakuji el pabellón dorado, como ya se me hizo costumbre evite tomar el transporte público y me puse a caminar, calculo que fueron poco más de 5 kilómetros pero la llegada valió la pena.

Kinkakuji fue construido como residencia del Shogun Ashikaga Yoshimitsu (según japan-guide.com) convertido en templo Zen a su muerte.

La fila para entrar era considerable, sin embargo transcurrió bastante rápido, la instalación cubierta en laminillas de oro s3 reflejaba en el lago que le rodea, hermosa postal japonesa.

Terminada la caminata me dirijo a la zona comercial cercana al hostal donde me dispuse a comer y mirar algunas tiendas, ya en la noche hice mi última salida por los bares de Kyoto.