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Internacionalista, sobreviviente de las crisis periódicas de este país, asiduo lector, crítico feroz, miembro permanente de las huestes utópicas.
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lunes, 18 de febrero de 2008

DÍA 11: Nagasaki

Me levanto a las 5, todo mundo en el hostal estaba dormido, tratando de no hacer ruido me levanto y saco mis cosas, dejo la llave en la recepción y camino con rumbo a la estación de tranvía, mi intención era alcanzar el tren de las 6 con rumbo a Fukuoka, corriendo llego al andén pero no alcanzo al tren que va saliendo a mi llegada, me tengo que esperar 30 minutos para tomar el tren y un Kodama, más lento que el Hikari que iba a tomar y con más paradas. El viaje en el Kodama se me hizo eterno, pero al fin y al cabo me llevó a mi destino, una vez en Fukuoka cambio de tren para llegar a Nagasaki.



No podía registrarme temprano en el hotel así que dejé mi equipaje en un locker en la estación y partí con rumbo a la primera visita, la forma de transporte público en Nagasaki es el tranvía del cual existen 4 líneas en la ciudad, el primer lugar a conocer es el museo de la bomba atómica para lo cual tomo la línea 1 al norte hasta la estación Hamaguchimachi de donde se camina como 5 minutos a la entrada del museo, muy fuerte impacto visual al igual que el de Hiroshima y un poco más incómoda la visita al ser pocos los extranjeros en el lugar (cuando llegué era el único).





Al salir del museo se camina un poco para conocer todo el equipamiento público creado dentro del concepto del Peace Park, que va del Hipocentro, las obras artísticas mandadas por otros países para conmemorar a las víctimas, fuente y al final del recorrido la estatua de la paz coronando el lugar.









De ahí tomas de nuevo la línea 1 al sur hasta la estación Dejima para visitar exactamente este lugar que era la colonia o ghetto portugués hasta su expulsión y posterior ocupación del lugar por trabajadores holandeses.

A distancia de a pie se encuentra el barrio chino, viva imagen de las migraciones y de la gran cantidad de influencias externas a la que es expuesto Nagasaki, el comercio y la gastronomía le cambia la cara con respecto al resto de Japón. A lado del barrio Chino visito el templo de Sofukuji el cual era bonito y con una construcción de tipo chino, aunque no muy llamativo.





Seguí caminando ese día, pase por los antiguos barrios holandeses con una arquitectura que contrasta, y otro enclave chino en la ciudad que es el templo confuciano, el cual a la vez sirve de casa cultural controlada por el gobierno de la China Popular y con un muy interesante museo en su interior, técnicamente, como en el caso de las embajadas, pise territorio chino jeje.









Ya empezaba a oscurecer y antes de llegar al hotel hice la última visita, baje en la estación Takaramachi, caminé algo así como 5 minutos hasta una estación de tranvía que, previo pago de 700 yenes (viaje sencillo), me llevó al Monte Inasa desde donde se tiene una vista espectacular de la ciudad, después de disfrutar todo esto era tiempo de descansar pues temprano partía de nuevo.

Tomo el tranvía hasta la estación de trenes donde saco mi maleta del locker y camino en la búsqueda del hotel, se suponía que estaba a 5 minutos de la estación a pie, no lo encontré, recorrí a un lado y a otro y no lo hallaba, le pregunté a un policía a quien le mostré la dirección, me pidió le acompañara al Koban (estación) ahí se puso a checar el mapa y me realizó un pequeño croquis para poder llegar al hotel.

Por fin encuentro el hotel, el cuarto sobrio, cama y baño, un buró con radio integrada que pondría la música de fondo para por fin dormir y esperar el próximo día.

miércoles, 13 de febrero de 2008

DÍA 10: Hiroshima-Miyajima

Las 6 de la mañana fue el punto de partida de este día, a recoger todas las cosas y acomodarlas en la maleta de nuevo, ya que por lo tarde de mi llegada la noche anterior no lo hice con tiempo, se dejaba venir una parte muy cansada del viaje con 3 destinos en 3 días.

A las 7:30 ya me encontraba en el andén de la estación de Osaka esperando el Hikari con destino a Hiroshima, yo cargaba en una bolsa plástica el desayuno que consistía de un sándwich y un té verde, al llegar el tren tomo inmediatamente un asiento vacío, el de la ventana, acomodo mi equipaje en la repisa superior y me coloco los audífonos para sortear el viaje, con Raly Barrionuevo como música de fondo (Hey paisano que pasó, la historia no es fácil como creías vos!!) tomo camino, el viaje no era muy largo pero permitió que durmiera un rato mas.

Solo el movimiento de la gente sacando sus cosas me enteró que se había llegado al destino esperado, me despabilo como puedo y cargo con mis cosas a lo largo de una estación en obras de expansión, como casi todas al sur de Japón, y tomo la salida más cercana.

Salgo corriendo de la estación y de manera casi inconciente subo al tranvía que estaba por partir, solo tenía en la mente la estación en la que tenía que bajar, al llegar a la estación y después de una caminata de 5 minutos llegué a mi hostal, por la hora no podía registrarme todavía así que encargué mi equipaje en el lobby, tenía mucho que ver en mi único día en la ciudad, a solo 5 minutos del hostal, a pie, podía llegar al parque de la paz con toda la serie de monumentos erigidos en recuerdo de las primeras víctimas mortales de la carrera nuclear.









El esqueleto del "domo", un viejo edificio público último recuerdo material del golpe de la bomba a la ciudad, varios memoriales y un gráfico museo de la bomba componen este complejo, lo que podría considerarse una montaña rusa emocional por lo impactante de los testimonios... a pesar de haber superado el golpe en lo emocional la existencia de sobrevivientes entre las víctimas permanece como memoria viva de la comunidad.

En la tarde rompo con el panorama desolador de la visita matutina, tomo el tranvía hasta su última estación, Miyajima, donde se encuentra un puerto donde tomé un ferrie con rumbo a la isla del mismo nombre.





El principal atractivo de Miyajima, aparte de la tranquilidad de la isla y un comercio artesanal realmente interesante, es el templo y toriie flotante, cuyas bases son cubiertas de agua al subir la marea, una bella postal para llevar casa.





Después de ver el toriie visito un par de templos en la isla, subo a una loma cercana y corono la visita cenando un rico okonomiyaki con mariscos.

Empezaba a anochecer cuando tomo el ferrie de regreso, posteriormente el tranvía hasta llegar al hostal, estaba yo cansado y además a primera hora iba a partir, así que temprano alisto mis cosas y me preparo a dormir.